Romanos 1:1 Pablo

"Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios"

παυλος δουλος ιησου χριστου κλητος αποστολος αφωρισμενος εις ευαγγελιον θεου

Pablo

Pablo seguía una antigua costumbre cuando puso su nombre como el autor en los saludos introductorios. Otros ejemplos de esto se pueden ver en Josefo, Antigüedades xvi. 6. 3-4; Hech. 23:26; 1 Mac. 11:30, 32.

Son escasos los detalles biográficos directos, pero las referencias indirectas permiten reconstruir con cierta seguridad los primeros años de la carrera de Pablo.

Las Escrituras no dicen nada acerca de sus padres, excepto una mención pasajera a su madre (Gál. 1:15) y de referencias generales sus antepasados hebreos (Hech. 24:14; Gál. 1:14; 2 Tim. 1:3).

Según Hechos 23:16 no era hijo único, pues allí aparece "el hijo de la hermana de Pablo". Es posible que su familia lo consideró un apóstata cuando se convirtió al cristianismo y rompió toda relación con él (Fil. 3:8), y que este hecho le hiciera penoso hablar de los suyos, aunque por Romanos 16:7 podría entenderse que algunos de sus parientes eran cristianos.

Una tradición del siglo II, registrada por primera vez por Jerónimo, afirma que los padres de Saulo vivieron originalmente en Giscala de Galilea. Dice también que alrededor del año 4 a. C. fueron llevados como esclavos a Tarso, principal ciudad de Cilicia en el Asia Menor, donde finalmente obtuvieron su libertad, prosperaron y se hicieron ciudadanos romanos. Más tarde les nació allí un hijo, Saulo.

La vida de Saulo comenzó en Tarso (Hech. 22:3), donde al octavo día fue circuncidado (Fil. 3:5) y, según la costumbre, recibió su nombre. Puesto que era de la tribu de Benjamín (Rom. 11:1; Fil. 3:5), pudo haber recibido el nombre de Saulo en honor del primer rey de Israel, también de esa tribu.

Desde su nacimiento tuvo ciertos privilegios envidiables. Era ciudadano romano de nacimiento (Hechos 22:28). En el siglo I d. C. la ciudadanía romana era muy codiciable, y es probable que la familia de Saulo fuera de cierta alcurnia y de una riqueza más que común. El poseedor de tal ciudadanía tenía amplia razón para enorgullecerse, y naturalmente sentiría afecto por el Imperio Romano.

Además, Saulo era leal a su propia y distinguida ciudad; era ciudadano de Tarso (Hechos 21:39). Esto significa que no sólo residía allí, sino que poseía derechos de ciudadano. Es probable que tuviera este privilegio por servicios prestados por su familia a la ciudad.

Pero por encima de estos privilegios sociales, Saulo valoraba su herencia racial y religiosa. Se gloriaba describiéndose como "hebreo de hebreos" (Fil.3:5; cf. 2 Cor. 11:22), y era celoso de las tradiciones de sus antepasados.

Este orgullo era plenamente compatible con el que sentía por su ciudadanía, tanto romana como de Tarso, porque hasta el año 70 d. C., cuando Vespasiano abolió los derechos legales de los judíos, ellos podían conservar su nacionalidad peculiar, aun dentro del ambiente de la Roma pagana.

A esta satisfacción de trasfondo religioso, Saulo añadía un orgullo especial por ser fariseo. Vivía como fariseo, "conforme a la más rigurosa secta" de la religión judía (Hechos 26:5; cf. Hechos 23:6; Fil. 3:5).

Algunos comentadores sugieren que este fariseísmo fue heredado de su padre; pero es igualmente posible que se hiciera fariseo por causa de su educación bajo la tutela de Gamaliel. Cuando era aún joven, quizá a los 12 años, Saulo fue enviado a Jerusalén (Hechos 26:4) para ser educado por el famoso Gamaliel I (cap. 22:3).

Fue instruido "estrictamente conforme a la ley", "creyendo todas las cosas que en la ley y en los profetas están escritas", llegando a ser "celoso de Dios", y "mucho más celoso de las tradiciones de" sus "padres" (Hechos 22:3; 24:14; Gál. 1:14).

Parece que llegó a ser un partidario más fanático de su secta que su mismo maestro. De este modo puso el fundamento para su futura y enérgica cruzada contra la iglesia cristiana (Hechos 8:1, 3; 22:4-5; 26:9-12).

Con este trasfondo y dentro de estos antecedentes, Saulo se introduce en el relato del libro de Hechos (cap. 7:58). Como miembro celoso de la secta más estricta del judaísmo, presenta su apoyo y da asentimiento con su presencia a la muerte de Esteban, quien parece condenar al judaísmo.

Su presencia sugiere que Saulo había seguido viviendo en Jerusalén; por lo tanto, estaría bien enterado del ministerio y de la muerte de Cristo, y del posterior testimonio apostólico cada vez más poderoso. Pero puesto que menciona sólo su encuentro sobrenatural con Jesús en el camino a Damasco (Hechos 22:7-8; 26:14-15; 1 Cor. 15: 8), es poco probable que alguna vez lo hubiera visto personalmente. Con todo, Saulo estaba bien preparado para ser perseguidor de los cristianos, y no hay nada de extraño en que hubiera participado en la muerte del primer mártir.

Se ha debatido mucho en cuanto al cambio de nombre que ocurre a la mitad del libro de Hechos.

Se habla de "Saulo, que también es Pablo" (Hechos 13:9). ¿Porqué habría de presentarse allí un segundo nombre cuando se ha empleado el nombre "Saulo" 18 veces (cap. 7: 58 a 13: 9)?

Desde los días de Jerónimo el nuevo nombre se ha relacionado con el de Sergio Paulo, procónsul de Chipre. Se ha sugerido que Saulo tomó el nombre de Pablo en esa ocasión en honor a la conversión del procónsul al cristianismo. Tal explicación parece poco probable, porque hay razones de peso para suponer que Saulo tuvo desde su infancia más de un nombre.

Saulo nació en un mundo políglota; en una población heterogénea que hablaba una multitud de idiomas diferentes, pero cada grupo tenía su lengua vernácula. Por encima de todo, estaba el griego, lengua franca del mundo civilizado, y el latín, idioma oficial del Imperio Romano. Por esto muchas personas hablaban griego y latín, además de su lengua vernácula.

Por esta razón muchos tenían más de un nombre o quizá diferentes formas del mismo nombre, según el idioma o la sociedad en que se lo usara. En otros casos tenían nombres sin relación lingüística entre sí; es decir, no eran traducciones de un idiomaa otro.

En el caso de Saulo, puede haber pasado lo siguiente: cuando fue circuncidado recibió un nombre judío, Saulo, pero como vivía en una comunidad gentil se le dio también un nombre latino relativamente común: Paulus. Pueden señalarse muchos casos de personas que tuvieron dos nombres: Beltsasar-Daniel, Ester-Hadasa, Juan Marcos (ver Hechos 1:23; 13:1; Col. 4:11).

Lucas muestra que sabía que el apóstol tenía dos nombres: Saulo y Pablo. Antes de Hechos 13:9 lo describe dentro de un ambiente mayormente hebreo, y por lo tanto ha usado su nombre hebreo, Saulo. Posteriormente (Hechos 13:9), Lucas lo ve frente a frente con un funcionario romano, quien naturalmente le habría preguntado su nombre, su procedencia, etc.

Un ciudadano romano no habría respondido: "Soy Saulo, fariseo de Jerusalén", sino "Soy Pablo, ciudadano romano de Tarso". Por lo tanto, el uso del segundo nombre del protagonista del relato de Lucas es sumamente apropiado dentro de las circunstancias, y casi no necesita ninguna otra explicación.

De aquí en adelante, Lucas emplea el nombre gentil, excepto en tres referencias al Saulo de tiempos pasados (cap. 22: 7, 13; 26: 14), lo que muestra con cuánta precisión Lucas registró los discursos de Pablo.

Esto es muy apropiado, porque el ministerio del apóstol en la segunda mitad del libro de Hechos fue casi enteramente en medio de los gentiles. De esa manera el nombre de Pablo está entretejido con su misión para los gentiles. Esto está corroborado por el uso casi invariable del nombre de Pablo en sus epístolas (Rom. 1:1; 1 Cor. 1:1, 12; 2 Cor. 1:1; Gál. 1:1; 5:2; Col. 1:1; 4: 18; etc.).

Otra interpretación merece ser considerada. La palabra latina paulus, cuyo equivalente griego es παυλος paulos significa "pequeño" o "chico", y se ha interpretado como una descripción de la estatura de Saulo. Esta idea tiene el apoyo del libro apócrifo de Hechos de Pablo y Tecla, que data aproximadamentede 160-180 d. C., y aunque no es digno de confianza quizá refleje una tradición genuina referente a la apariencia personal del gran apóstol.

El pasaje en cuestión dice que Pablo era:

"Un hombre pequeño de estatura, calvo, estevado, fornido, cejijunto, de nariz bastante larga, lleno de gracia, pues algunas veces parecía ser un hombre y otras veces tenía el rostro de un ángel".

Sin embargo, debe reconocerse que esta explicación requiere que se acepte que Pablo recibió ese nombre cuando era grande, una vez que se destacaron sus características físicas.

Sea cual fuere el origen del segundo nombre del apóstol, era un nombre romano muy apropiado para su propósito final de llevar el Evangelio a la capital imperial (Hechos 19: 21; Romanos 1: 15). Además, cuando Lucas presenta el tema central de su libro - el ministerio de Pablo para los gentiles -, usa siempre el nombre romano del apóstol.

Romanos 1:1

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"Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios" (RV -1960).

"Paulo, servo de Jesus Cristo, chamado para ser apóstolo, separado para o evangelho de Deus" (VARA, 2ª ed.).

"Paul, a servant of Jesus Christ, called [to be] an apostle, separated unto the gospel of God" (KJV).

"Paulus servus Christi Iesu vocatus apostolus segregatus in evangelium Dei" (Vulgata).

i.05. Bosquejo

I. Introducción, 1: 1-15.

A. Saludo, 1: 1-7.
B. Explicaciones personales, 1: 8-15.


II. Exposición doctrinal, 1: 16 a 11: 36.

A. La doctrina de la justificación por la fe, 1: 16 a 5: 21.

1. Justificación alcanzada por la fe, 1: 16-17.
2. La necesidad universal de justificación, 1: 18 a 3: 20.

a. El fracaso de los gentiles, 1: 18-32.
b. El fracaso de los judíos, 2: 1 a 3: 20.

3. La justificación otorgada en Cristo, 3: 21-31.
4. La justificación por la fe: doctrina del Antiguo Testamento, 4: 1-25.
5. Los benditos efectos de la justificación, 5: 1-11.
6. Los efectos de la justificación en contraste con los resultados de la caída de Adán, 5: 12-21.

B. La doctrina de la santificación por la fe, 6: 1 a 8: 39.

1. La muerte al pecado y resurrección a una nueva vida, 6: 1-11.
2. La liberación del yugo de la ley y del pecado, 6: 12-23.
3. La relación de la ley con el pecado, 7: 1-13.
4. El conflicto entre la carne y el espíritu, 7: 14-25.
5. La vida llena del Espíritu, 8: 1-39.

C. La elección de Israel, 9: 1 a 11: 36.

1. El pesar de Pablo por el rechazo de Israel, 9: 1-5.
2. La justicia del rechazo, 9: 6-13.
3. La voluntad de Dios no debe ser puesta en duda, 9: 14-29.
4. La causa del rechazo fue la falta de fe de Israel, 9: 30 a 10: 21.
5. La restauración final de Israel, 11: 1-36.


III. Aplicación práctica de la doctrina de la justificación por la fe, 12: 1 a 15: 13.

A. El sacrificio que hace el cristiano de sí mismo, 12: 1-2.
B. El cristiano como miembro de la iglesia, 12: 3-8.
C. La relación del cristiano con otros, 12: 9-21.
D. La relación del cristiano con el Estado, 13: 1-7.
E. La única deuda que tiene el cristiano: amor, 13: 8-10.
F. La proximidad de la segunda venida, 13: 11-14.
G. La necesidad de tolerancia mutua entre los cristianos, 14: 1 a 15: 13.


IV. Conclusión, 15: 14 a 16: 27.

A. Explicaciones personales, 15: 14-33.
B. Saludos a varias personas, 16: 1-16.
C. Advertencia contra los falsos maestros, 16: 17-20.
D. Saludos de parte de los compañeros de Pablo y de su amanuense, 16: 21-23.
E. Bendición final y doxología, 16: 24-27.

i.04. Tema

El tema de la epístola es la pecaminosidad universal de los hombres y la gracia universal de Dios, la cual proporciona un camino por el cual los pecadores pueden ser perdonados y también restaurados a la perfección y la santidad. Este "camino" es la fe en Jesucristo, el Hijo de Dios, que murió, resucitó y vive eternamente para reconciliarnos y restaurarnos.

Cuando Pablo escribe esta epístola, su mente está llena de los problemas que han surgido en sus conflictos con los judaizantes. Se ocupa de las cuestiones básicas, y les da respuesta mediante una presentación amplia de todo el problema del pecado y del plan de Dios para hacer frente a esa emergencia.

Pablo muestra en primer lugar que todos los hombres - judíos y gentiles - han pecado y continúan alejados del glorioso ideal de Dios (cap. 3:23).

No hay excusa para este alejamiento, pues todos -judíos y gentiles, sin excepción- han recibido algún grado de revelación de la voluntad de Dios (cap. 1:20). Por lo tanto, todos están, con justicia, bajo condenación.

Además, los pecadores son completamente impotentes para liberarse por sí mismos de esa situación, pues en su condición depravada les es absolutamente imposible obedecer la voluntad de Dios (cap. 8:7).

Los intentos legalistas de obedecer la ley divina no sólo están condenados al fracaso, sino que también pueden ser evidencia externa de un arrogante rechazo generado por ajusticia propia de no reconocer la debilidad del hombre y su necesidad de un Salvador.

Sólo Dios mismo puede proporcionar remedio, y esto lo ha hecho mediante el sacrificio de su Hijo. Todo lo que se pide del hombre caído es que ejerza fe: fe para aceptar las condiciones necesarias para perdonar su pasado pecaminoso, y fe para aceptar el poder que se ofrece para llevarlo a una vida de rectitud.

Este es el Evangelio de Pablo tal como se desarrolla en la primera parte de la epístola. Los capítulos restantes se ocupan de la aplicación práctica del evangelio ante ciertos problemas que tienen que ver con el pueblo escogido y con los miembros de la iglesia cristiana.

i.03. Marco histórico

Parece evidente que la Epístola a los Romanos fue escrita desde Corinto, en su tercer viaje misionero, durante la permanencia de Pablo de tres meses en esta ciudad (Hech. 20:1-3). Muchos eruditos ubican esta visita a fines del año 57 y comienzos del 58; pero algunos prefieren una fecha más antigua.

Que la epístola fue escrita desde Corinto es claro por sus referencias a Gayo (Rom. 16:23; cf. 1 Cor. 1:14) y a Erasto (Rom. 16:23; cf. 2 Tim. 4:20), y por su encomio a Febe, a quien Pablo describe como una creyente que había prestado servicios especiales a la iglesia de Cencrea, el puerto marítimo oriental de Corinto (Rom. 16: 1).

Cuando Pablo escribió la epístola estaba por regresar a Palestina, pues llevaba una contribución de las iglesias de Macedonia y Acaya para los pobres que había entre los cristianos de Jerusalén (Rom. 15:25-26; cf. Hech. 19:21; 20: 3; 24:17; 1 Cor. 16:1-5; 2 Cor. 8:1-4; 9: 1-2).

Después de terminar esa misión, se proponía visitar a Roma, y desde allí continuar con su viaje a España (Hech. 19: 21; Rom. 15: 24, 28).

Hasta ese momento no había podido visitar a la iglesia cristiana de la ciudad capital del Imperio Romano, aunque con frecuencia había deseado hacerlo (Rom. 1:13; 15:22). Pero ahora creía que había completado sus labores misioneras en Asia y Grecia (cap. 15:19, 23), y anhelaba proseguir rumbo al oeste para fortalecer la obra en Italia e introducir el cristianismo en España.

Para poder llevar a cabo este último propósito, Pablo deseaba estar seguro del apoyo y la cooperación de los creyentes de Roma; por lo tanto, antes de su visita les escribió esta epístola en la que bosqueja con términos vigorosos y claros los grandes principios de su Evangelio (cap. 1: 15; 2:16).

i.02. Autor

Nunca se ha puesto seriamente en duda que el apóstol Pablo sea el autor de esta epístola.

Algunos eruditos han sugerido que el cap. 16 quizá no formaba parte de la epístola original enviada a Roma, sino que fue una carta separada enviada a Efeso, donde Pablo había trabajado durante algún tiempo (Hech. 19).

Esta teoría se basa principalmente en la extensa lista de nombres que hay en dicho capítulo, y en la suposición de que difícilmente Pablo podría haber conocido a tantos amigos en una ciudad que aún no había visitado.

Sin embargo, como la gente afluía a Roma desde todas partes del imperio, es muy posible que el apóstol hubiera tenido muchos amigos en la ciudad capital.

Además, todos los manuscritos más antiguos incluyen el cap. 16 como una parte de la epístola.

Por lo tanto, los eruditos conservadores modernos dejan la epístola tal como se encuentra ahora.

i.01. EL TÍTULO

Cuando Pablo escribió esta epístola probablemente no le puso ningún título.

Sencillamente era una carta que escribía a los creyentes de Roma; pero posteriormente la epístola llegó a ser conocida como "A los Romanos", Gr. ΠΡΟΣ ΡΩΜΑΙΟΥΣ [PROS ROMAIOUS], que es el título que se le da en los manuscritos más antiguos.

En manuscritos posteriores este título fue ampliado a "La Epístola de Pablo el apóstol a los Romanos", título que con algunas ligeras diferencias es el que se usa en las versiones castellanas.